Costa de Camboya

by • 26 agosto, 2014 • Sin categoría • Comments (2)1235

Agosto es un mes de vacaciones, y por la tanto las visitas que estamos teniendo nos han hecho separarnos por unos días.

 

Hace ya un tiempo que Hodei y Javi me dejaron solo. Desde Phnom Penh, capital de Camboya, decidí bajar al sur para pasar unos días en la costa hasta que tuviera que desplazarme a Ho Chi Minh (antigua Saigon, Vietnam).
Costa Camboya

Sin un rumbo fijo más que la costa, decidí ir a probar suerte a la isla de Koh Ta Kiev, pero el coste de la barca (15$ solo ida) y el del alojamiento que me ofrecieron (8$) se salía del presupuesto que tenía pensado… Una vez más, la suerte me acompañó y un chico muy majo me habló de un pueblo cercano: Sihanoukville.

Costa Camboya

Sihanoukville es un pueblo con puerto marítimo, bonitas playas y mucho turismo. Decidí acercarme al hostel de backpackers que el chico me había recomendado, Utopía. La recomendación fue del todo acertada. Un lugar agradable para mochileros: piscina, billares (gratis), ping-pong, wi-fi, gimnasio (un poco “andergraun” pero suficiente) y habitaciones. La más cara a 2$, la más barata a 1$. Así, sí. Único punto negativo, todas las noches había fiesta, ergo música alta.

Al final, mucha paz, un poco de descanso y buenas amistades, es lo que me ha regalado unos días en la playa…

Costa Camboya

Retomo la carretera después de una larga parada, y me doy cuenta de que estoy solo. Me faltan mis compañeros de fatigas, esos que tanto me oyen quejarme cuando vamos pedaleando. Es curioso, ahora que pedaleo solo, el sufrimiento es más ligero y ruedo más rápido, devoro kilómetros con mayor facilidad (o al menos esa es mi sensación ;). Mi cabeza se queda sola y no charlo con nadie, y de repente me encuentro pensando en futuros proyectos, componiendo melodías en mi cabeza que no sé si algún día verán la luz.

Alguna vez me he planteado continuar este viaje solo, sería una aventura. Pero al final me he dado cuenta de que a pesar de los malos momentos en equipo, no sería lo mismo. Disfrutar de un momento junto a tus amigos, es disfrutarlo doblemente.

Pagoda

La carretera me lleva de vuelta hacia Phnom Penh, para continuar después hasta Vietnam.

Este país me ha regalado una de las experiencias más bonitas que he tenido en mi vida. Poder dormir en Pagodas (templos Budistas).

Después de cada jornada de pedaleo, alrededor de las 17:00, busco una Pagoda y me acerco:

-“Saksabay”(“Hola” en Camboyano). Estoy viajando en bicicleta alrededor del mundo y me dirijo hacia Vietnam. Me gustaría saber si nos les importaría que pudiera dormir una noche en su templo (todo esto en inglés y con muuuuchos gestos).

-Claro ningún problema (en inglés).

 

A los pocos minutos todos los niños que estudian en la Pagoda se arremolinan a mi alrededor. Nadie dice nada, solo miran como las vacas al tren. En cada templo suele haber uno, máximo dos monjes que chapurrean algo de inglés. Y casi siempre me suelen preguntar en este orden: sobre mi origen; sobre mi tiempo en Camboya; si hablo Khamer (Camboyano); sobre mi esposa; si tengo hijos; a qué me dedico… Muchos de ellos nunca han visto a ningún forastero, así que es normal tanta curiosidad 😀

Monks

 

Los monjes son esos que alguna vez hemos visto vestidos de naranja butanero, sí. Pero después de conocer a muchos de ellos, hay un par de cosas que estoy seguro que os sorprenderían: la primera, es que no practican artes marciales (como al principio creíamos); la segunda es que a pesar de su filosofía de cuidar el cuerpo, algunos fuman; y la tercera y más chocante, es que los monjes que se mueven entre los 27 y 38 años (más o menos), tienen unos pepinacos de móviles que muchos ya quisieran. Y después de la ronda de preguntas básicas te sueltan:

 

-¿Tienes feisbuk?

-Jajajjaaj. Si claro.

-¿Me lo podrías dar y asi te agrego y somos amigos?

-Claro, claro.

 

¿A ver quién es el que la peta ahora con monjes budistas como colegas en el facebook? ¿Eh? Jajajajaja..

Monks

Bueno al margen de este curioso detalle, no puedo terminar este retrato sin decir que son unas personas maravillosas, muy hospitalarias y agradecidas. Aunque me hayan explicado poco, me han enseñado mucho.

 

Sigo mi camino.

Pronto llegara mi visita.

Cuento los días para verte.

Costa Camboya