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Laos: de Vientiane a Tailandia

by • 30 octubre, 2014 • Blog-esComments (0)542

Llegamos a Vientiane después de unos días de bastante pedaleo y vamos directamente al consulado de Myanmar donde tras rellenar los formularios oportunos nos citan para recoger el pasaporte con el correspondiente visado el lunes. Hoy es viernes.
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Este fin de semana nos alojamos en casa de Ilse y cuatro jóvenes americanos más que trabajan en la escuela internacional. Nada más llegar nos compran unas cervezas y nos invitan a una fiesta en casa de otros extranjeros al estilo americano, con toda la cocina llena de alcohol y gente de todas las nacionalidades yendo de aquí para allá. Vamos y volvemos en bici, aunque vamos más rectos de lo que volvemos.
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El sábado y el domingo visitamos la capital, una ciudad no muy grande, sin demasiado tráfico pero con algunos templos y pagodas que visitar. Hodei hace el mayor hallazgo del viaje al encontrar un restaurante vegano muy barato, de muy buena calidad y buffet en plan come todo lo que puedas. No se quedo a dormir dentro porque no tenían mucho espacio porque si no…
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De Vientiane vamos hacia el norte con nuestras visas de Myanmar listas. Nuestra próxima parada será Vang Vieng, una ciudad pequeña y sobre todo famosa por los muchos guiris que van allí a emborracharse y tirarse en rueda hinchable por el río. Nosotros no nos emborrachamos, pero si merece la pena la experiencia de bajar el río en rueda con una cervecita y disfrutar de las montañas que lo rodean.
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Lo que más nos llama la atención de Vang Vieng es el gran número de “Ladyboys”, mujeres en cuerpos de hombres,prostituyendose que se ven por la calle, y la soltura con la que aparecen drogas de todo tipo en los menús de los restaurantes, desde marihuana hasta metanfetamina pasando por opio.

Tres días en Vang Vieng nos han valido para relajarnos y acabar cansados de un sitio confeccionado exclusivamente para el turista, así que sin pensar demasiado en las montañas que tenemos por delante, montamos nuestro equipaje en las bicicletas y seguimos nuestra ruta hacia el norte.
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No tarda mucho en aparecer toda una cordillera de montañas que sufrimos subiendo, pero también nos dan paz y una recompensa inigualable al llegar a la cima. La primera noche tenemos que acampar en una pequeña llanura que Goiznabar encuentra en el margen de la carretera porque se nos hace de noche, y la cima quedará para mañana. Ya no recordamos la última vez que acampamos juntos, aunque creemos recordar que fue en Nepal, yendo hacia Kathmandu. Ya se hacen incontables las veces que hemos utilizado las pagodas como refugio, y es una experiencia que recomendamos tener al menos una vez a todo turista que se acerque al sudeste asiático. Disfrutamos montando la tienda y volviendo a gozar de nuestro pequeno chalet en las montanas, esta vez de Laos.
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Nos despertamos al alba para tomar nuestro desayuno compuesto por noodles instantáneos, plátanos, galletas y café caliente. Bendito café.
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Plenos de energía emprendemos la conquista de los 1850 metros que tiene el paso entre montañas, y nuestro billete a la última parada antes de cruzar a Tailandia, Luang Pravang. Es la ciudad con más encanto de Laos y aunque también muy turística, es bastante más auténtica que Vang Vieng.

Lo más atractivo del lugar es ver como los monjes salen a mendigar su comida al alba. Tras una espesa niebla van apareciendo uno a uno con los cuencos en la mano mientras la gente se acerca para ofrecerles lo que será su alimento del día.
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Hacemos caso a la Lonely Planet y nos vamos de visita por la ciudad en un paseo muy bonito de unas 4 horas en las que visitamos templos, museos, los dos ríos y nos muestra porque Luang Pravang merece ser visitada.
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En nuestro pasaporte pone que debemos abandonar el país el 10 de Octubre y tan solo nos queda un día de visado, por lo que cogemos un autobús que nos deja a escasos 10 km de Tailandia. Abandonamos el país no sin antes discutir unas dos horas con el personal de la frontera. No nos autorizan a cruzar a Tailandia en bici y nos obligan a meter las bicis en un bus que por supuesto nos hacen pagar. Nuestra cabezonería no sirve más que para pagar algo menos por los tickets, y acabamos accediendo, bastante cabreados, a dejar el país en autobús.
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No dejamos que esto enturbie nuestra gran experiencia y aprecio por el país, y aunque con pena de dejarlo atrás, también estamos deseosos de descubrir Tailandia, ¡allá vamos!