¿Rave Budista?

by • 4 octubre, 2014 • Sin categoría • Comments (0)574

Se fueron las novias. Se fueron las familias. Estuvimos tristes. Les echamos de menos.

Pero la vida sigue y el viaje continua. Fijamos la mirada en Laos, exactamente en las 4000 islas que forma el gran río Mekong. Cogimos nuestras bicis otra vez en Ho Chi Minh y nos costó menos de lo que esperábamos superar los casi 30 km que te dejan fuera de la ciudad.

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Estábamos cansados ya de Vietnam, sus habitantes no nos caían demasiado bien hasta que…¡aiba! Si resulta que cuando te alejas de las zonas turísticas, el país y su gente cambia por completo. Pedaleamos dos días hasta alcanzar la frontera Camboyana de nuevo. Dos días en los que los Vietnamitas nos sonreían, nos eran amables, nos dejaron dormir en su casa y nos invitaron a comer. Una pena que recuperáramos la confianza en el país a falta de un día para salir.

Es difícil entender como la imagen sobre un país puede cambiar tanto dependiendo de como viajes y con qué gente te relaciones. Creo que somos muy afortunados de poder convivir con gente local no condicionada por el turismo, allá donde vamos. Gente que te ve como gente y no como dinero.

Otra vez Camboya, otra vez las benditas pagodas Budistas. Habíamos tenido una bonita experiencia durmiendo en pagodas la primera que estuvimos en Camboya, pero no tuvimos tanta suerte esta segunda. Lo intentamos dos veces.

La primera noche hubo un malentendido entre los monjes y las mujeres de la pagoda en cuanto a dónde dejar nuestras bicicletas, lo que se torno en miradas de hostilidad hacia nosotros por parte de las mujeres. Dormimos hasta que los tambores y los cantos budistas hacían imposible seguir haciéndolo, a eso de las 5 de la mañana, y nos fuimos sin más.

La segunda noche fue aun peor. Parecía que por fin íbamos a descansar en condiciones cuando a eso de las 20 horas un grupo de jóvenes entró en el recinto Budista con unos altavoces gigantes y montaron una “rave” de las que ya no quedan. No sé si los monjes conseguirían dormir algo, pero a nosotros nos temblaron las esterillas durante las 4 horas que bailaban l@s Camboyan@s. Lo sentimos, no tenemos documentos gráficos del fiestón.

Poco a poco nos acercábamos a la frontera con Laos, pero antes una última parada para ver delfines, Kratie. ¿Delfines? ¿Estáis en la costa otra vez? Sí, y no.

Mekong Laos
Hay varias zonas del río Mekong en las que habitan delfines de río, y en Kratie se pueden observar hasta 75 de estos curiosos mamíferos. Delfines que no tienen ni morro ni aleta superior. Feos pero majos. De los nuestros.

Delfin rio

Más allá de ver delfines o no, fue muy bonito navegar el Mekong en la típica barquita Camboyana.

Laos

Dejamos atrás Kratie y cuando ya estábamos a escasos 17 km de la frontera, llego la Biziklautada del día. Google maps marcaba un atajo de 8 km por un pequeño camino a la izquierda, en vez de 17 km haríamos 9 km. Esa era la teoría.

No dudamos demasiado en coger el atajo y tampoco tardamos demasiado en perdernos por caminos embarrados que no llevaban a ninguna parte. Sabíamos que la frontera estaba hacia el norte así que comenzamos a tomar cualquier caminito en esa dirección hasta que acabamos en un río no muy grande. Haciendo alarde de nuestra cabezonería, no podíamos aceptar que lo mejor era dar la vuelta. Empujamos nuestras bicis durante medio kilómetro a lo largo del río mientras discutíamos si sería posible denunciar a Google por esto.

Después de 3 horas cruzando bosques, ríos y mucho mucho barro, llegamos por fin al punto de partida. Habíamos pedaleado y empujado la bici unos 15 km y nos seguían quedando 17 para cruzar a Laos. ¡Bravo Biziklautak!

Eran ya las cinco de la tarde y empezaba a esconderse el sol. Pedaleamos hasta la frontera pero no quisimos cruzar sin luz. Acabamos durmiendo en el porche de un “restaurante” esa noche. Laos nos esperaba a escasos 100 metros.

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